6 de abril de 2012

No es necesario hablar cuando una mirada puede llenarte con un cuento entero.

Se miró al espejo por última vez, prometiéndose a sí misma nunca volver a juzgarse. Otros brazos la abrazaron por detrás y unos suaves labios dieron un recorido besando su cuello. Aquel hombre no veía todos los rasgos que a ella tanto le obsesionaban, para él no había fealdad alguna en ella, ni estrías, ni grasa, ni cicatrices, ni arrugas... El, por mucho que lo intentara no podría nombrar ni un solo defecto en su cuerpo. La veía con unos ojos a los que el amor había arrebatado los prejuicios, la idiotez social y la superficialidad. Acarició con las manos sus pechos mientras besaba uno de sus hombros. Ella deseaba poder amarse a sí misma como él lo hacía, pero ya sabia que eso nunca iba a suceder.

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